Los Años Duros

Años muy duros aguardaban al Aeroclub Formosa para lo que restaba de la década del 60 luego de las Bodas de Plata, la del 70 y la recientemente epilogada década del ochenta que sin embargo ya sorprende al club no solamente recuperado sino en plena evolución institucional.

El ya mencionado cambio de la política estatal en materia de aeroclubes fue la primera dificultad grande en el tema económico.

La realización de un curso de pilotaje no estaba ya al alcance del común de la gente joven que se quisiera iniciar con el curso de Piloto Privado en una carrera profesional dentro de la aviación, desvirtuándose así una prioridad en el espíritu del club, que sin desmedro de cualquier persona mayor que quisiera hacer su aviación deportiva, alejaba al joven de su legítima oportunidad.

Consecuentemente el entrenamiento de pilotos se volvió más caro y mucha gente, del tipo “pilotos de fin de semana” dejó de volar.

Por otra parte se creó la Dirección Provincial de Aeronáutica, que vino a llenar una sentida necesidad y a suplir con material y personal de vuelo profesional, lo que el aeroclub había hecho con denuedo, valor y voluntad de servir a la comunidad, pero fue una causal de menos fuente de trabajo. Luego vinieron los vuelos de fomento, no es el momento de discutir si eran o no convenientes, pero fue el golpe decisivo para un club ya empobrecido que perdía así muchos clientes habituales del interior de la provincia.

Y luego, bendito sea en nombre del progreso, se completó el pavimiento de la Ruta 11, se construyeron en el interior de la provincia muchas otras rutas, el aislamiento que solamente el avión podía romper quedó felizmente superado, pero la institución perdió otra fuente de ingresos.

Hasta que a fines de 1979, aunque se seguía volando y formando pilotos y ya no era como antes, el aeroclub Formosa recibe su golpe de gracia: la expulsión compulsiva del predio que ocupaba.

 

Recapitulemos un poco: los predios ocupados por el Aeroclub Formosa y que en algún tiempo también sirvieron para la operación de las líneas aéreas regulares, pertenecían a la Fuerza Aérea Argentina.

En un momento dado la F.A.A. conviene con el Gobierno de la provincia (etapa del Proceso) cederle esos terrenos, a cambio de que la provincia cediera nuevos terrenos aptos al aeroclub y costeara su reubicación, que debía hacerse en tiempo y forma, de tal modo que trasladado el aeroclub a su nueva ubicación, la provincia dispusiera del predio donde se iba a construir el Estadio de la Liga Formoseña de Fútbol e instalaciones del complejo universitario.

Pero un día sin previo aviso el gobernador del proceso, General Colombo, ordenó desarmar todas las instalaciones del aeroclub sin más ni más.

Hangar, taller, mástil donde flameaba la Bandera Argentina, la gruta con la Virgen de Loreto, patrona de la aviación y la plaqueta que recordaba a un camarada de la Fuerza Aérea, el Primer Teniente Hullain caído en Formosa, todo se llevó sin consideración ni respeto la prepotencia y la topadora.

El club quedó a la interperie, en la calle, se habían destruido sin sensibilidad y alevosamente 39 años de duro batallar. Parecía el fin.

Pero a tamaño reto, se aceptó el desafío del destino. Un grupo de veteranos ya alejados de la función directiva fueron convocados por el puñado de pilotos que quedaba en pie. Y se inició la casi imposible tarea de refundar el aeroclub Formosa y volver a tener casa propia. Los veteranos concurrieron a la cita y junto a ese puñado de jóvenes comenzaron la tarea de levantar los derruidos muros. Una década colosal de luchas la del ochenta, que merece una nota especial.

 

HODR - 08/1990