El Despegue

Cuando una aeronave produce el siempre renovado asombro de abandonar la tierra está despegando y no decolando como se expresa erróneamente.

Cuando una empresa humana logra elevarse en función de sus propósitos, se dice también que está despegando, o que se ha producido el despegue.

En la nota anterior dijimos que en 1945 se habían recibido los primeros pilotos privados de avión formoseños, lo que en cierta medida marcó el despegue de la institución.

Pero vienen luego tres años decisivos, vitales, es la toma de altura aeronáuticamente hablando, en que se consolida la institución del aire en su misión específica y vital.

Son los años 1946, 1947 y 1948, que el aeroclub logra recibir veinticuatro nuevos pilotos, familiariza a la comunidad con su actividad y rompe el “misterio” de la aviación como actividad audaz, aventurera y peligrosa y la encasilla en el rol de un hacer humano razonado, inteligente y basado en la cordura.

En el año 1946 se reciben cinco pilotos, entre ellos Egildo Tassone y Carlos Santiago Carrara, ambos ya desaparecidos que fueron además dirigentes de gran nivel para la institución. Egildo Tassone merece un párrafo especial, pues además de presidente del club, fue mentor de muchas iniciativas esenciales para el futuro, como la incorporación de aviones sanitarios a la flota del club.

En el año 1947 se le asignan al Aeroclub Formosa dos flamantes aviones Piper PA-11, tal vez la aeronave escuela más popular del mundo que alguna vez figuró en la “docena de oro” y según dijimos es el hermano mayor del J-3. Los PA-11 asignados al Aeroclub Formosa fueron los matriculados cmo LV-YLT y LV-YQE.

 

Todavía muchos PA-11 surcan los cielos del país y el Aeroclub Formosa aún tiene uno en vuelo después de 43 años de “vaqueta”.

En aquel año 1947 se reciben nada menos que once pilotos privados de avión, marcando un récord que llevaría años en superar.

Llega el año 1948, han transitado por el aeroclub dos instructores: Agustín Fracnau de quien ya hablamos y Juan José Andino, quien luego sería Comandante de Aerolíneas Argentinas.

En 1948 llega un joven y competente instructor de vuelo, el Suboficial Mayor de la Fuerza Aérea Argentina, Rodolfo Riva, no solamente piloto eximio sinó un maestro de gran dimensión en la enseñanza del sutil arte de volar.

Sin desmedro de nada ni nadie y sin hacer odiosas comparaciones, Rodolfo Riva fue un “milico” sin uniforme, un auténtico instructor de Aeroclub que se identificó con su espíritu y con su naciente tradición.

Y en ese año 1948 Riva se inaugura formando ocho nuevos pilotos para el aeroclub Formosa, con una concepción del vuelo que por entonces se dio en calificar como “la escuela de Riva”, que imponía a fuego las reglas de oro de la aviación inteligente y razonada y el principio vital de la seguridad prevista, antes que el riesgo calculado...

De esta primera promoción de Rodolfo Riva salieron entre otros Antonio Antueno, ya desaparecido, que llegó también a instructor de vuelo y Antonio Taboada, uno de los hombres que más años voló y quedó como un símbolo de la aviación deportiva de Formosa.

Tres años. 1946, 1947 y 1948. Tres años vitales para el aeroclub Formosa.

El despegue definitivo, seguro y bien sustentado y la toma de altura en busca de los más altos ideales. Pero la historia apenas sí comienza.

HODR - 08/1990