MALVINAS: Un objetivo irrenunciable”

Norberto Rubén Dimeglio

Brigadier (R)

 

Con esta simple expresión defino aún hoy el permanente sentimiento hacia nuestras Islas Malvinas.

No voy a hacer aquí y ahora un relato histórico de los hechos que llevaron a la decisión política de recuperar las Islas el 2 de abril de 1982, porque no los conocí en su momento y no es tema de este escrito, tampoco creo oportuno analizar los planes militares de la guerra y ni siquiera los resultados tácticos obtenidos en ella.

Sí creo necesario e importante rescatar, hoy a casi 25 años del hecho, las capacidades y virtudes de los argentinos que en ella participaron voluntariamente, en defensa de nuestro territorio profusamente reclamado en todos los foros internacionales y de los miles de hombres que allí se instalaron, con el propósito de defender la recuperación realizada para presionar hacia las negociaciones diplomáticas, dado que la guerra en un concepto muy simplificado, no deja de ser una “…lucha de voluntades.”

Del mismo modo que un vaso con la mitad de su capacidad ocupada por agua, puede verse como mitad lleno o mitad vacío, en el caso Malvinas 1982, las acciones de los hombres aplicadas exclusivamente al combate permiten rescatar aspectos positivos y negativos. Ambos necesarios e imprescindibles para crecer, perfeccionarse y ser mejores cada día. Obviamente, un análisis válido (vaso medio lleno) sólo puede ser hecho por profesionales capacitados y si tienen experiencia en el tema mejor, es por ello, que los conceptos más fundamentados y trascendentes, fueron vertidos por el ocasional adversario del momento y por los analistas especializados del mundo, en donde se puede encontrar la pródiga documentación que lo respalda.

No obstante, aunque todos tengan la libertad de hablar sin fundamento, de denostar, de contar fílmicamente medias verdades o de menospreciar las acciones realizadas y las experiencias alcanzadas, no lograrán cambiar los hechos, el mundo avanza por las acciones de los mejores reconocidos y no por los mediocres cualesquiera. El juicio de la historia es el que perdura y trasciende a los mortales. Al decir de Sun Tsu, “si quieres saber como te fue en la guerra pregúntale a tu enemigo”, me permito agregar que, “.. si se le pone una lápida de Secreto por xxx años, ten la paciencia de que tus nietos conozcan la verdad no reconocida hoy”.

¿Cómo se generó ese espíritu de defensa entre compatriotas?, sería la pregunta de quien analiza el comportamiento y desempeño de la Fuerza Aérea durante las acciones bélicas llevadas a cabo en 1982. Creo que la explicación no es tan complicada. Como argentinos, desde pequeños, en casa y en la escuela, se nos enseñó cuales son los conceptos que integran el vocablo PATRIA, nuestros derechos soberanos sobre el territorio, nuestra idiosincrasia nativa, el apego a nuestras tradiciones, etc. En las escuelas de formación y perfeccionamiento de nuestra Institución, se remarcaron y desarrollaron estas acepciones, llevándonos concientemente a amar la tierra de nuestros progenitores y absorbiendo la responsabilidad de su defensa aún a costa de nuestras propias vidas.

¿Qué hicimos antes del conflicto?, pues tan sólo prepararnos para ello, sabiendo que la guerra no es la mejor solución política de un conflicto de intereses pero convencidos de nuestras responsabilidades como hombres de armas. Nunca fuimos “kamikazes”, ni en una de sus letras, no volamos para inmolarnos por el emperador o el presidente de turno. Seguramente no teníamos el adiestramiento específico para un combate aeronaval, en el cual había que sobrevolar el mar Argentino en aviones monomotores, para enfrentar a la tercera flota naval del mundo e integrante de la OTAN de esa época. Pero muchos argentinos, que en ellas estaban para defenderlas, estoy seguro reclamaban nuestra presencia y por todo eso, por la vergüenza de poder mirar a los ojos a nuestra gente luego de las acciones, es que combatimos con lo que teníamos, técnicamente en desventaja, tácticamente en inferioridad de condiciones pero espiritualmente convencidos de nuestro deber.

Juntos como siempre, los aviadores, los radaristas, los artilleros, los mecánicos, los médicos, personal de oficiales, suboficiales y civiles de planta o convocados, en actividad o retirados del servicio, hombres y mujeres de la Fuerza, con el apoyo de nuestras familias, amigos y el voluble pueblo argentino, con sus excepciones, emprendimos la epopeya austral.

¿Fue exitoso el primer ataque de un avión contra un buque del bloque occidental desde Suez? El objetivo impuesto a diversas escuadrillas de la Fuerza Aérea Argentina ese 1ro. de mayo de 1982, era, repeler a las tres fragatas británicas que con total impunidad se habían arrimado a las costas de Puerto Argentino y sometían a nuestras fuerzas a un intenso cañoneo naval con el propósito de forzar una rápida y subestimada rendición.

La historia nos había deparado el “difícil” honor de atacar por primera vez las temidas fragatas misilísticas británicas, buques con tecnología de última generación, gemelos de un par de destructores de nuestra Armada. La información de inteligencia disponible, la publicidad de venta que hacían los propios británicos de esos buques y los resultados de los ejercicios realizados en tiempos de paz, les acreditaban una taza del 85% de efectividad. ¡Sólo un 15% de margen para sobrevivir al ataque! ¿Pero es importante el 1% de posibilidad de sobrevivir si uno está seguro de que ese 1% es el que a uno lo cobija?

Desde la costa de la Isla Soledad, el personal combatiente destinado en la zona del aeropuerto y en los montes cercanos a Puerto Argentino, son los privilegiados testigos oculares del ataque rasante y a gran velocidad de tres Mirage V Dagger. La sorpresa fue total, los ingleses no preveían que estos aviones, que no tenían capacidad de reabastecer combustible en vuelo, ni sistemas de navegación de precisión, podrían llegar hasta el sector “este” de las islas, el más alejado del continente y el que estaba bajo su control radar y aeronaval.

Las filmadoras de los aviones que registraban el disparo de las armas, eran cámaras de 16 mm., blanco y negro, de la década del 60, que no funcionaron bien como para certificar lo visto por nosotros y tanta gente en tierra esa tarde, pero, si del ataque realizado las consecuencias reales sobre los buques británicos, fuera la por ellos expresada y que figura en numerosas publicaciones oficiales británicas y no, ¿cuál es el motivo político, estratégico o emocional, para ordenar el urgente hundimiento del crucero ARA General Belgrano inmediatamente después, donde estuviera, al día siguiente, mientras se trataba de negociar un acuerdo de paz entre los contendientes con la invalorable y destacada intervención del presidente del Perú, el arquitecto Fernando Belaúnde Terry ?

Operativamente, fue una salida muy bien planificada por nuestro Comando de la Fuerza Aérea Sur, ejecutada con los medios humanos y materiales disponibles y con la participación de ese gran grupo humano que conforma a nuestra Institución: hombres y mujeres, militares y civiles, en actividad y convocados, todos consustanciados con su deber, con la clara convicción que había que retener no sólo el territorio de nuestras Islas sino también proteger a los miles de argentinos en ellas desplegados.

Aún hoy, casi 25 años después, en esta Argentina, con todos los dislates, sinsabores y realidades que nos tocan vivir, ese profesionalismo y esa mística generada por la vida de respeto mutuo, trabajo y sacrificios, no pueden ser cambiados por nada. Ese es el gran valor que tiene lo realizado por nosotros, lo imborrable, lo perenne, aún en el día no muy lejano, en que por acción del inexorable paso del tiempo y otras causas, todos los combatientes de Malvinas hayamos dejado el servicio activo en la Institución. No hace falta proclamarlo, tan sólo leer a los profesionales que opinan del tema, mejor si no son parte del problema, es decir, argentinos.

A todo esto, y de regreso a nuestra Base Aérea Militar San Julián, ya en tierra, toda la adrenalina liberada fue consumida en abrazos y festejos, como reconocimiento mutuo del éxito en la labor realizada. Se había probado y demostrado al mundo entero que las temidas fragatas británicas eran vulnerables, debían cambiar las tácticas y la tecnología para su defensa y supervivencia.

Que hicimos después del conflicto? Estudiar, sacar conclusiones, dar a cada uno lo que le correspondía por su desempeño en las operaciones, con aciertos y errores, aunque sin publicidad en los medios de la opinión pública, porque en realidad son hechos que no corresponden que sean de opinión pública. Transmitimos a nuestros subordinados, herederos de nuestros acciones, que el único camino para el éxito es el trabajo, el sacrificio, la capacitación, el crecimiento profesional. El perfil espiritual y humano era y es el correcto y adecuado a las exigencias. Debíamos convencer que se nos den los medios materiales necesarios para mejorar los resultados de nuestras operaciones haciéndolas más eficientes.

Sabemos lo que hicimos, sabemos porqué lo hicimos, seguiremos proclamando la verdad de los hechos históricos, por supuesto, con la madurez del paso de los años, la experiencia de la carrera profesional realizada y la tranquilidad de conciencia de haber dado todo, por lo que creíamos y creemos correcto.

¿Qué hacemos hoy? En mi caso, retirado ya del servicio activo, continuo buscando con el intercambio de experiencias con nuestros adversarios de ayer puntos de coincidencia, formas de mejorar la preparación de nuestra gente, asesorar en la medida en que se nos pida sobre nuestras vivencias y su aplicación a la fecha y fundamentalmente, ver que el tiempo nos ha permitido crecer y madurar en beneficio de todos.

Respecto del personal británico que combatió en la lucha por las Islas Malvinas, como hombres de armas, no tengo ningún tipo de resentimiento, odio o cualquier adjetivo que se quiera usar, contra quien, tan sólo cumplió con su deber, sólo que desde el lado opuesto. Prueba de ello, son las numerosas visitas, intercambios, actividades y demás, que los hombres de la Institución han realizado con personal británico. Somos profesionales sin resentimientos sociales.

Personalmente, tengo la muy grata experiencia de haber ofrecido y compartido, en el 2006, con nuestras respectivas esposas un almuerzo en Buenos Aires, con el LC Ian Inskip, oficial de navegación del HMS Glamorgan, de activa participación en el conflicto y que me enviara por email, la fotografía de un cuadro, pintado por un británico y ubicado hoy en la biblioteca de la Escuela de Puerto Argentino, interpretando las acciones del ataque realizado ese 1ro. de mayo de 1982, sobre los tres buques ingleses que cañoneaban a nuestra gente en nuestra tierra. Creo que la foto que está a continuación es el mejor certificado (al decir de Sun Tsu) del accionar de la Escuadrilla Torno de la Fuerza Aérea Argentina ese día.


Seguramente que el permanente e inteligente accionar de nuestra diplomacia logrará en un futuro próximo, la recuperación legítima y legal de nuestras Islas irredentas, es de esperar, que nuestro pueblo argentino acorde con sus declamaciones diarias, esté dispuesto a habitarlas, cuidarlas y llevarles el progreso y orden que hoy, escasea en el territorio continental.

El autor recibió por su participación en el Conflicto por Nuestras Islas Malvinas en 1982:

  • Distintivo de la “Fuerza Aérea Clase 1” por su participación en el conflicto por Nuestras Islas Malvinas, dado por el Jefe de Estado Mayor General de la FAA en Mendoza, en 1984.

  • Condecoración Ley 23.118 del “Honorable Congreso de la Nación a los Combatientes de Malvinas”, publicada en Boletín Oficial, en Buenos Aires, 09 noviembre de 1984.

  • Condecoración Ley 24.229 de “La Nación Argentina al Valor en Combate”, dada en Buenos Aires, 17 agosto de 1993.